“La Balsa de Piedra” de José Saramago: el Hombre como animal fabulador

La Novela Histórica

A pesar de ser una obra llena de momentos fabulosos – en el sentido estricto de la palabra–, “La Balsa de Piedra” también se basa en hechos reales, que pueden enmarcarse en un contexto político, ideológico y social muy específico: la adhesión de España y Portugal, en 1986, a la CEE. Al igual que otros escritores portugueses – Eça de Queirós o Almeida Garrett –, Saramago muestra una visión crítica sobre el desarrollo social, económico y cultural de Portugal en los años ochenta. Su preocupación por la posición de la Península Ibérica en Europa y la identidad de los pueblos ibéricos es evidente. Pero a pesar de ser una narrativa de ficción cuya acción se desarrolla en un pasado histórico determinado, Saramago no reconoce su novela dentro de la etiqueta de “novela histórica”. Saramago creía que al escribir sobre el pasado observamos los acontecimientos con las lentes del presente, es decir, recreamos los acontecimientos y los transformamos en ficción. Por si esto fuera poco, todavía tenemos un lenguaje que, como mediador, es el mismo transformador de todas las realidades narradas.

Influenciado por pensadores como Foucault y Derrida, Saramago defendió que la propia historia es ficción y que, por eso, es justo comparar la figura del historiador con la del creador de ficciones. La justificación que Saramago dio para esta desconfianza por esta etiqueta es que “novela” y “memoria” son dos entidades indisociables. Esto significa que la memoria de un autor es siempre la base subjetiva en la construcción de una novela, ya que disecciona necesariamente los hechos históricos. Como Nietzsche ya preveía, es lo mismo que decir que cualquier significado es la perspectiva de quien piensa.

El poder de las palabras

A menudo encontramos al narrador en “La Balsa de Piedra” hablando del lenguaje. El “juego del lenguaje” (Wittgenstein) es constante y el lector percibe que Saramago intenta dar al “lenguaje” el papel de mediador entre el campo de la historia y el campo de lo fabuloso. Esto nos lleva a pensar en “La Balsa de Piedra” como un meta-texto, un texto donde se cuestionan los medios según los cuales el lenguaje opera en el mundo y en el texto, con todas las consecuencias que esto puede traer a la percepción que los hombres tienen de la realidad. La verdad es que hay varios pasajes y elementos del texto que reflejan la existencia de este vínculo entre lo fabuloso y lo histórico, donde lo fabuloso nos ofrece una perspectiva de la Historia, no como sucedió, sino como nos gustaría que hubiera sido. Para tal hazaña, Saramago invierte en la subversión del signo lingüístico. Al ampliar los límites del signo lingüístico, Saramago creó nuevas posibilidades de mundos, aunque sean exclusivamente lingüísticos, pero no por ello menos ciertos en sus conceptos.

En lugar de abordar la cuestión de la adhesión de Portugal a la CEE y teorizarla como todos esperamos que se aborden las cuestiones históricas, Saramago propone la hipótesis inversa de lo que ocurrió en 1986: la separación de la Península Ibérica del resto de Europa. Berrini llama a este proceso el “principio de subversión”. En este punto podemos establecer una conexión con el epígrafe – “Todo futuro es fabuloso” – ya que el autor estará imprimiendo en forma de libro una de las posibilidades de la Historia. Una posibilidad que, sin este libro, sólo podría haber ocurrido si hace muchos millones de años y, accidentalmente, algo hubiera cambiado el curso de los fenómenos naturales, en una cadena de causas y efectos que habrían interferido en la deriva continental y habrían hecho que la Península Ibérica se separara del continente europeo.

Todos los acuerdos lingüísticos son el resultado del paso de los siglos y del desplazamiento del hombre en la historia. El consenso se estableció durante este viaje orgánico, social, intelectual, ético, moral y cultural. Pero la ruptura que separa la Península Ibérica de Europa simboliza, ante todo, una ruptura del contrato lingüístico, es decir, el contrato de la ‘insociabilidad’ entre `significado’ y `significador’. Roland Barthes nos habló de la “teoría liberadora del ‘significador’” y que “debe ayudar a liberar el texto – todos los textos – de las teologías de sentido trascendental”. Saramago también creía que era necesario liberar los textos de conceptos predefinidos por la normatividad. Si tenemos en cuenta el carácter bifacial del signo lingüístico y que el `significado’ y el `significador siempre han sido considerados indisociables, esta brecha es digna de causar el pánico y acabar con el ‘mundo’ tal como lo conocemos. Lo que Saramago hizo fue dar al ‘significador’ – o a la “balsa de piedra” – la libertad de buscar una nueva posibilidad, un futuro alternativo.

Así, el nacimiento del texto en “La Balsa de Piedra” se relaciona con este momento de creación de un nuevo mundo, donde el nacimiento ocurre en la primera palabra de la producción del discurso. El libro, al igual que la Península Ibérica, se convirtió en una balsa de piedra, un ‘significador’ que transporta nuevos significados, que tiene la fuerza para retar la lógica de un mundo con el que el lector está familiarizado, y está a la altura de la observación de Umberto Eco: “Creo que para contar una historia tenemos que empezar por construir un mundo”.

Historia, ficción y deconstrucción

A la luz de la teoría de la deconstrucción, podemos entender mejor las dudas de Saramago sobre el término “novela histórica”, porque la Historia resultante de la narración de hechos pasados puede considerarse, en gran medida, como ficción. De ahí la pregunta de la modernidad: ¿el pasado ocurrió tal cual como en lo leemos en los libros de Historia? ¿O está todo relacionado con una “voluntad de poder”? Los logros históricos nunca existen en sí mismos. Esto significa que el mundo no es más que una fábula creada por esta “voluntad de poder”, es decir, una fábula creada por aquellos que salieron victoriosos. Foucault, historiador y filósofo del pensamiento, elaboró la llamada “teoría genealógica” que aborda la relación entre los sistemas discursivos y las prácticas no discursivas del poder social. En este punto, Foucault no evita una apología a las teorías genealógicas originadas en Nietzsche, donde afirma que “todo discurso es un claro intento de ejercer el poder social”. Así, los estudios genealógicos de Foucault llaman la atención sobre la relación entre conocimiento y poder, es decir, todo conocimiento está diseñado para conectarse con un sistema de control social. Por otro lado, la sensibilidad humana siente una necesidad voluntaria de ficciones, mientras que involuntariamente se dobla a estos instrumentos de control social. Porque todos necesitamos fórmulas y signos para poner orden en lo que puede llegar a ser un mundo muy complejo y caótico.

Conclusión

En “La Balsa de Piedra” se puede observar una constante dialéctica entre una realidad física, que existe en el mapa y en los libros de historia, y algo que pertenece a un mundo fabuloso, que podemos llamar de “transfiguración de lo real”. Esta dialéctica es posible a través de juegos de lenguaje, intermediados por personajes que tienen el papel de pontífices entre el mundo fabuloso y el mundo real. Estos mediadores son seres específicos de la narrativa de Saramago, hechos de palabras. Pero justo por eso podemos decir que, en última instancia, el lenguaje es el mediador de todas las relaciones. Así pues, las palabras son el material de construcción de la realidad tal y como la conocemos, por lo tanto, sólo el lenguaje puede transformarla, es decir, sólo a través del lenguaje podría haberse producido la separación de la Península Ibérica del resto de Europa.

Saramago se convirtió en el arquitecto de un nuevo mundo, donde subvirtió las leyes de la geofísica y todas las leyes racionales. Después de leer “La Balsa de Piedra” nos damos cuenta de que todo lo que está al alcance de nuestras lentes telescópicas, todo lo que el hombre ha nombrado y clasificado hasta el día de hoy puede ser estremecido por la apertura de una brecha. Fueron necesarios personajes especiales y acontecimientos inusuales para subvertir las leyes de la lógica y la física, para deconstruir y ampliar las fronteras de un mundo imaginario a través de un texto. Y si no fuera por la imaginación de Saramago, la Península Ibérica nunca se habría separado de los Pirineos rumbo hacia una nueva posibilidad, un lugar donde el mito y la fantasía aún habitan. Y estos son los aspectos que contribuyen a que no se trate de una novela histórica, ni tampoco de una ficción, sino de una fábula. En definitiva, es una invitación a dar alas al animal fabulador que existe dentro de nosotros, y si ‘los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo’, démosle al mundo una nueva posibilidad al darle nuevas posibilidades al lenguaje.

Versión inglesa:

“The Stone Raft” by José Saramago: man as a fabulator animal

Versión portuguesa:

“A Jangada de Pedra” de José Saramago: o Homem como animal fabulador

Bibliografía:

Saramago (1986, en inglés.1994), La Balsa de Piedra

Foucault (1966), El orden de las cosas

Derrida (1972), Estructura, signo y juego en el discurso de las ciencias humanas

Berrini (1998), Leer Saramago: la novela

Barthes (1985), La aventura semiológica

Arrojo (1992), El signo deconstruido – implicaciones en la traducción, lectura y enseñanza

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